Tour a la Basílica de Guadalupe
Cada año más de 20 millones de personas procedentes de todos los lugares del mundo se acercan a la Basílica de Guadalupe siendo éste el segundo recinto mariano más visitado después del Vaticano.
Desde los tiempos en que el cerro se encontraba a la orilla de un lago por el que se llegaba a la Gran Tenochtitlán, las tribus del Anáhuac peregrinaban al Tepeyac para celebrar a Tonantzin, nuestra madre, y contemplar desde ahí las estrellas.

Cuenta la leyenda que nueve días antes del solsticio de invierno, el 12 de diciembre de 1531, una virgen de piel morena se le apareció al indígena chichimeca Juan Diego Cuauhtlatoatzin quien le pidió le dijera al arzobispo que levantara un templo en su honor en ese sitio.

Tres veces fue Cuauhtlatoatzin del Tepeyac a la parroquia para transmitir el mensaje de la señora del cielo al arzobispo, quien finalmente le pidió una prueba. Cuando Juan Diego, cabizbajo, subió al cerro por cuarta vez, preocupado por la salud de su tío, la morenita del Tepeyac se le apareció de nuevo y le preguntó qué le pasaba. Juan Diego le contó que su tío agonizaba. Ella le dijo que ya había sanado, y que recogiese flores. Juan Diego encontró rosas y las depositó una a una en su ayate . La Virgen le pidió que llevara esas flores al arzobispo Juan de Zumárraga como prueba, y así hizo el indígena.
Ya en el arzobispado cuando Juan Diego desplegó su ayate ante los ojos del fraile, descubrió que sobre la tela, como plasmada por fuerzas invisibles, latía la imagen de la mujer del cielo que se le había aparecido: el mismo rostro, la misma piel morena y aquel manto de estrellas que ella llevaba sobre sus hombros.
El arzobispo asombrado por el milagro decidió construir una capilla y, una vez más, el sincretismo fundió los símbolos indígenas con los de la religión impuesta. Poco a poco la gente se fue asentando alrededor del templo y así se formó un poblado el cual, el 3 de diciembre de 1563 fue llamado Guadalupe. Los caminantes continuaron llegando al Tepeyac y, el 1 de mayo de 1709 abrió sus puertas en la Ciudad de México la primera Basílica de Guadalupe. Sin embargo, con el paso del tiempo y debido a la humedad del terreno lacustre en el que fue levantada, la basílica comenzó a hundirse. Por ello, se tomó la decisión de construir una nueva; la actual basílica, cuyo recinto circular es capaz de acoger a 10,000 personas para que así puedan contemplar a la Virgen de Guadalupe plasmada en el ayate de Juan Diego.
El 12 de diciembre, año con año, se celebra el día de la Virgen de Guadalupe Las calles aledañas a la basílica se llenan de peregrinos de todos los colores y naciones. Nueve millones de personas acuden al Tepeyac ese mismo día, llevando ofrendas, velas, copal y flores para pedirle o agradecerle a la Virgen-Tonatzin por sus favores.
A las orillas de la calzada de Guadalupe y en los alrededores del templo, se ofrece agua y comida a los fieles que acuden al lugar sagrado. Algunos cantan, otros oran mientras caminan arrodillados y se juran ante ella “pa dejar el vicio”; muchos piden por sus enfermos; otros más celebran danzando ataviados con vistosas plumas. Mujeres con reboso, turistas, vendedores, hombres de traje y corbata, indígenas descalzos, niños y viejos se congregan en el gran templo circular, donde miles de pequeñas flamas brillan y laten honrando a la Virgen de Guadalupe, patrona de la hispanidad.
Sentir la vibración de tantos pasos que a lo largo de estos siglos han caminado hacia este lugar sagrado y captar el sincretismo vivo que se da en el Tepeyac, es sin duda, una experiencia esencial para compenetrarse en la cultura de México.


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